Artículo publicado en el adnpolitico.com el lunes 19 del 2012
Por Socorro Díaz

La pregunta que encabeza este artículo es a todas luces retórica. Los promotores de la visita del jefe de la iglesia católica a México y los críticos de su visita, tres meses antes de las elecciones que renovarán la jefatura del Poder Ejecutivo federal y el Congreso, sabemos a qué viene.

El viaje del papa Benedicto XVI a México tiene por lo menos dos objetivos inocultables: desestabilizar en la imaginaria clerical y en una parte de la realidad los fundamentos del Estado laico, y mostrar el apoyo de la iglesia católica al Partido Acción Nacional, en batalla por permanecer en la Presidencia de la República.

La reforma constitucional al artículo 24, aprobada por la Cámara de Diputados y en comisiones del Senado de la República la semana previa a la llegada del jefe del Estado vaticano, busca anular la estrategia jurídica de organizaciones civiles y agrupaciones políticas, sintetizada en la propuesta de reformar el artículo 40 de la Constitución, a fin de definir explícitamente laicas a la República y sus instituciones. Con el agregado del concepto “laico” en el artículo 40, se establece un coto a la intervención pertinaz del clero político en los asuntos del poder civil, y se refleja la realidad social de México, imbuida ya de valores como la tolerancia y el respeto a la diversidad.

El Partido Acción Nacional instrumentó una respuesta confusa y rápida: promover la modificación del artículo 24 constitucional, con el propósito de garantizar a “toda persona… el derecho a la libertad de convicciones éticas y de conciencia”. Y ahí está el conflicto, por más que los senadores hagan una exposición de motivos empeñada en decir que el texto no quiere decir educación religiosa en la escuela pública o manipulación clerical a través de los medios masivos de comunicación.

De aprobarse en el pleno del Senado dicha disposición, se estaría abriendo paso a la hipótesis de que los católicos exijan que sus hijos reciban formación religiosa, o que niñas y jovencitas integradas a familias de religión islámica quieran asistir a la escuela con velo o chador. Y, por supuesto, que se formen movimientos de médicos y enfermeras para impedir que las mujeres aborten en determinados hospitales, aunque ésa sea su voluntad, porque alegarán, contra la libertad de unas, las convicciones éticas y de conciencia de otros.

Con dicho ordenamiento, se estaría rompiendo con el eje del Estado laico, que es la separación entre políticas públicas y creencias religiosas, y poniendo las bases de un nuevo conflicto de convivencia en el país.

La dirigencia del PRI piensa que con esa contrarreforma ganará una discreta aquiescencia por parte del clero mexicano. Se equivoca. La memoria histórica es terca. No hay vuelta de hoja. Para apoyar al Partido Acción Nacional —igual que lo hizo con el Partido Popular en España, el año pasado— es la presencia de Benedicto XVI en Guanajuato, entidad federativa gobernada por ese partido desde hace más de 20 años, lugar de origen del primer presidente panista, cuna del enfrentamiento cristero con el gobierno de Plutarco Elías Calles, fundador del PRI, asiento del monumento a Cristo Rey. Los candidatos y legisladores del PRI están pecando de ingenuos, y la ingenuidad política es un pecado mortal.

La gente que vote por los partidos políticos opositores al gobierno del PAN va a votar no porque se le abran puertas al clero en los asuntos del poder civil. No. Los votos por el PRI o por la coalición de izquierda serán, en esencia, por el hartazgo de un mal gobierno. Un gobierno que ha agregado a la corrupción endémica que padece el país su probada ineficacia.